Peregrinando con elefantes,
las pisadas por el ciénago
no hunden porque levitan
el descalzo andar.
Peregrinando con camellos
bisontes y caballos,
las pisadas no corren
porque manso y paciente
es el andar.
Peregrinando con lobos,
tigres y leones,
las pisadas no atemorizan
porque valiente y noble
es el andar.
Peregrinando con aves
nubes y montañas,
las pisadas no intentan volar
porque el andar mantiene
su propio andar.
Peregrinando con las aguas,
las pisadas no mojan
porque el andar
no busca su reflejo.