carlos emilio correa mendez

TARDE FRIA

La tarde fría sonriente, acompaña 

el sonido tímido de la brisa;

las hojas tibias sienten la caricia

mientras el viejo puente se amaña.

 

Es una sensación fresca y extraña 

en la piel del que camina gustoso

como de aquel que siente en reposo 

el viento tenue de la montaña.

 

Con su vivaz mirada en la ventana,

la silueta del poeta que compone,

medita, cavila y se repone

de la herida de amor malsana.

 

La tarde no parece veraniega

porque el viento muestra su encanto;

árboles y entorno siguen su canto

acompasados con total entrega.