¿Qué me queda de pronto, con la tarde?
¿Cómo es, que te recuerdo a veces,
si sobre los ojos te pusieron
racimos de adioses?
Por ti, desmonté las calles
de una ciudad entera,
para que vinieras
a tomar el café conmigo
y alimentaras el fogón
en las mañanas.
Pueda ser que te encuentre,
por entre mi ciudad y tu ciudad extraña.
Si te topara, te abrazaría fuerte.
Al borde de la vida...
tan cerca del ocaso...
tan humano
y tan...
esquivo.
L.G.