Me dijeron que para escribir
tenía que sentir la poesía
sentir en la piel
la palabra viva
o yerta cuando fecunda
entre mis dedos
en mi mano aún tibia
que observa,
me aferré a la daga
a la blancura de la nieve
que mordían mis recuerdos
allá en Denver
donde jugué al olvido
llorando quimeras
que llevo en mis entrañas,
tal vez apreté con mi puño
lo fecundo que puede
ser un instante
besando a Baco
y dejando letras
en el vacío.