Yo era como su bolso
algo colgado de ella,
un mero objeto,
un perro que lame su huella.
Todavía me despierto por las mañanas
viendo si el corazón aún tiene su mella
esperando y rezando,
a que termine esta maldita querella.
En días tranquilos
donde me alejo de la botella
creo escuchar su risa en mis sueños,
su canto de doncella.
Otro día más otro que maldigo,
maldita mi estrella.
El día que decidí enamorarme
de tus labios color grosella.
Ya ha pasado casi un año
el tiempo vuela y destella,
otro día mas esperando
a esa serpiente bella.