Satanás, el ángel caído de luz primera,
portador de cuernos retorcidos como dudas,
ojos de brasas que perforan la niebla,
alas membranosas que ocultan su hubris.
Rey del abismo, con tridente en la mano,
serpiente astuta que tienta con frutos,
risas de ecos en criptas profundas,
maestro del caos, tejedor de tumultos.
No solo maldad, sino espejo del hombre,
reflejo de orgullo que desafía al creador,
en su silueta el fuego y la noche se funden,
eterno adversario, guardián del fervor.
Su figura imponente, de escamas y llamas,
desnuda la fragilidad de los cielos santos,
en cada curva de su forma infernal,
yace la pregunta que nunca se apaga.