José Luis Barrientos León

El ángulo de la discontinuidad ( A Yeray)

 

Ocurre que de pronto eres un archipiélago, salvaje, indómito

y yo, un cartógrafo,

con las manos llenas de arena y mapas de un siglo que ya no respira.

 

Nos movemos en la zona del intersticio,

allí donde el lenguaje deja de ser puente para volverse un juego de rayuela

donde la casilla \"Cielo\" siempre parece estar un paso más allá de tus zapatillas.

 

Tú habitas la náusea del devenir, esa forma tan tuya de ser pura potencia,

un relámpago que se niega a ser trueno porque prefiere el silencio del vacío.

 

Yo soy la recurrencia, el hábito de los relojes que tú te empeñas en no mirar,

intentando explicarte que el tiempo no es un río, sino un espejo que se triza

cada vez que me lanzas una palabra que aún no ha sido inventada.

 

Buscamos consentir el entendimiento en esta penumbra de pasillos,

tú con tu ontología de música estridente, y yo con mi dialéctica de andar cansado.

 

Eres el azar, la pieza del rompecabezas que ha decidido cambiar su forma

mientras la caja seguía cerrada.

 

Y yo, vetusto testarudo, trato de bailar un sueño en el espacio que dejas

entre tu puerta cerrada y mi deseo de ser, simplemente, el que te espera al otro lado de la marea.

 

No hay centro, sólo está periferia compartida donde nuestras sombras se cruzan,

en el preciso instante en que dejas de ser mi eco

para convertirte en tu propio y desgarrador sonido.