De tanto caminar por la avenida,
después de haber sufrido en el camino
admito, que uno labra su destino,
al irse levantando en la caída.
De tanto que busqué alguna salida
a cuanto fuego ardiente siempre vino
admito, con el paso más cansino,
que sigo y voy luchando por la vida.
De pronto me nacieron estos versos
que estaban en mi pecho almacenados
con flores y sabores muy diversos
de frutos que yo tengo cosechados.
Y siempre, lo confieso, están inmersos,
los sueños como bosques encantados…