Carlos Eduardo Antoine

hermana

La desgracia de los demás es nuestra propia desventura. Y nuestra felicidad es también la dicha de otros. Vernos en los demás y experimentar un sentimiento de unión con nuestros semejantes es una revolución profunda en la forma de ver y de vivir la existencia. Por eso, discriminar a otros es, esencialmente, discriminarnos a nosotros mismos. Herir a otro es autoinfligirnos daño. Pero cuando respetamos a los demás, también respetamos y elevamos nuestra propia vida. Daisaku Ikeda

 

la muerte

necesaria

como un dios

permite a algunos

valorar la vida

en sí misma

 

hacer de ella

el regocijo del alma

 

nos enredamos

desequilibramos

 

ambicionamos

 

qué mayor riqueza que la vida

 

qué infinitud requerida para su existencia

 

y su hermana

la muerte

-ahí-

nos lo recuerda

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«Sube a nacer conmigo, hermano. Dame la mano desde la profunda zona de tu dolor diseminado».
Neruda