Abro los ojos, la pienso en mi rutina.
Si ella no está, el eco es interminable.
Y mi añoranza la reclama.
Donde esté, es mía.
La siento, la busco, la vivo.
La amo sin pensar, sólo la amo y ya.
Me ame, más o menos o no,
poco pienso en ello. Sólo la amo.
Deseo que me ame.
Que me nutra con sus caricias,
mas no la fuerzo.
Yo sólo estoy.
Yo sólo habito.
En nuestro hogar la acompaño.
Cuando la veo de frente y de cerca,
siempre le digo que la amo,
como dijo Alberto Cortez:
\"te sigo queriendo como el primer día\".
Cuando escribo en su nombre,
compongo en su presencia y en ausencia.
La miro a los ojos y digo sin decir.
Yo amo a mi esposa.
Ella es mi atavio.
Mi arreglo y desarreglo.
Ella me hace sentir niño y homb re a la vez.
Te amo, mi reina.
Marco Antonio Saborío Parreaguirre.