Salvador Santoyo Sánchez

A LA DERIVA

Mis dedos arañaban el agua,

escuchando burbujas en mi oído,

parecía un negro y frío destino,

sin aire, el cuerpo se va al fondo,

de una tibia y enorme alberca.

Mi padre, deseando verme nadar,

me animaba a saltar con alegría.

Más cuando salté, el se alejaba,

¡creí, al tragar agua...es el fin!

Milagrosamente mi padre 

¡de nuevo estaba ahí, abrazándome!

-Todo está bien, aquí estoy-

Grandiosa es la sensación 

de seguridad; que te da el abrazo

seguro de tu padre, cuando

sientes estar a la deriva...

 

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Dr. Salvador Santoyo Sánchez

26/01/2026