Dios,
soy yo otra vez.
Perdona si vengo a ti entre llanto
y no puedo regalarte algún canto.
Yo sé que es injusto de mi parte,
qué tal vez ya no quieras escucharme,
pero esta ocasión no vengo a pedirte algo,
solo quiero estar aquí contigo.
Dios,
me han roto el corazón,
y se me hace tan humillante
venir a contarte
que aunque yo sabía
que esto pasaría,
decidí entregarme
con los ojos cerrados
y con los brazos abiertos.
¿Por qué nunca entiendo?
¿Por qué siempre regreso?
Dios,
tú que me ves llorando cada noche
desde que él se apareció en mi vida,
¿Por qué me es imposible sacarlo del corazón?
Por favor no creas Dios mío, que es un reproche,
pero esa duda me tiene aturdida.
Si él por mí no siente nada
¿Por qué me abraza como si me amara?
¿Por qué me besa como si me deseara?
¿Por qué por las noches comparte su almohada?
¿Qué soy para él?
¿Por qué no me toma?
¿Por qué no me quiere perder?
¿Es acaso que soy tan estúpida,
cómo para creer que soy la única?
Dios,
perdona que ahora esté llorando,
yo sé que al amor
lo describes como lo más sagrado,
pero si este es el amor que hay para mí,
espero me perdones,
pero no lo quiero
porque me ha hecho sufrir,
me ha hecho dudar.
Y yo quiero un amor verdadero,
uno que sea incondicional,
que no busque seguir huyendo
y se quede a construir algo real.
Dios,
perdona que venga a ti llorando,
sé que me haz dado demasiado;
es solo que ya no quiero seguir aquí…