Se ilumina el silencio,
junto a una pared con lumbre de abandono,
esperando con su fulgor,
que un`poema elocuente pueda ser escrito...
La noche se va cerrando,
mas la luna con un movimiento muy sospechoso,
se acuesta en su pecho,
sedienta de un éxtasis por lo desconocido...
Y se destella con un sortilegio,
sin que le dé vergüenza que lo sepa el mundo de los sueños,
suspirando junto a ese fuego,
como una reina, en el lecho del mendigo silencio...
¡Ay, naciente gozo!
con su locura excéntrica que deifica el momento,
amor a los mortales negado,
donde el poema queda escrito como un símbolo...