La recuerdo con amor,
sin preguntas,
sin defensa.
Era calma en la mañana
y refugio en lo cotidiano.
Amaba lo pequeño
porque ahí cabía el mundo.
Pensaba mucho,
sentía más.
Y yo aprendí tarde
la profundidad de su silencio.
En un segundo
tocó mi centro
y dejó luz.
Y aunque ya no somos,
ese amor
sigue vivo.