Hace un tiempo conocí a una oruga
que amaba mi tronco.
Un día escogió una rama
y decidió vivir ahí,
haciéndose bolita
no salió de mi.
Tiempo después al despertar
descubrí un caparazón sin habitar
ni una huella pudo dejar.
En la mañana vi una mariposa,
me aleteaba tan hermoso
que me hizo brotar una rosa.
Comprendí después
que quedarse
no siempre es el propósito.
-Las raíces del sauce.