Algo se desacomodó
sin hacer ruido.
No fue caída ni ruptura,
fue un leve cambio de peso
en la balanza que jurabas estable.
El mapa seguía colgado en la pared,
pero las rutas ya no llevaban a ningún sitio.
Las flechas apuntaban recto
y aun así
el cuerpo llegaba tarde.
Hubo un tiempo
en que los números cerraban,
en que cada gesto parecía prueba suficiente,
en que el método era limpio
y el resultado prometía repetirse.
Después,
los datos empezaron a mentir sin mentir.
Todo era correcto
y nada funcionaba.
Como una fórmula elegante
que no toca la realidad.
Las manos aprendieron a soltar
antes de preguntar.
Los ojos dejaron de insistir
en ver lo que no estaba.
No por cansancio,
sino por precisión.
A veces el recuerdo intenta rimar
con lo que fue:
luz / cruz,
voz / adiós,
ayer / caer.
Otras veces se queda solo,
sin pareja,
como ciertas verdades.
No hubo traición del mundo,
solo un ajuste fino.
Un margen de error
que nadie quiso declarar
al inicio del experimento.
sin discursos ni finales épicos,
algo terminó
sin haberse roto.
Quedó el silencio
no como vacío,
sino como medida exacta
de lo que ya no encaja.