Nadie te quiere,
nadie te busca,
todos te evitan;
sin embargo,
eres quien mejor acompaña.
Ahí, cuando no hay nada
ni nadie,
eres el gestor
de mis más brillantes ideas.
Ahí, cuando no hay nada
ni nadie,
eres quien ordena
mis pensamientos.
Ahí, cuando no hay nada
ni nadie,
y solo estás tú,
es donde hallo mi calma,
mi sosiego y mi refugio.
Por eso, a ti:
al que nadie quiere,
al que nadie busca
y al que todos evitan.
Gracias, porque tu presencia
es consuelo
en mis días turbulentos.
Por eso,
a ti yo te quiero,
a ti yo te busco
y a ti no te evito.
Porque si tu presencia
me faltara,
una vida de caos y tormentos
me esperaría.
Y perdona si no te nombro,
porque nombrarte
sería romper tu presencia.