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Eterno Femenino

Fui el cimiento de un reino que hoy gobiernas con mano de seda, un gigante con alas de plomo que no logra elevar su heredad, siento el desengaño filtrarse en mis huesos como una hiel queda, soy el guerrero prisionero de una dulzura que es crueldad, donde tu amor es el yugo dorado que me quita la libertad.

 

Vives bajo una paradoja sagrada que nos consume en silencio, me pides ser el muro que te proteja de todo mal y tormento, mientras derribas mi hombría con tu voz y tu juicio recio, me arrebatas el cetro y reescribes mi propio pensamiento, y en esa asfixia de control, mi voluntad declina su precio.

 

Somos plomo y oro, metales que en el frío del día se repelen, dibujando fronteras de orgullo donde el desencanto se ensancha, me siento engañado por la calidez de esas manos que me duelen, pues bajo tu oscura seducción no hay paz, solo una revancha, de una regencia que me castra los sueños y hace que me desvele.

 

Pero en el abismo de la noche, brota el final desesperado, la lujuria se levanta como un volcán que no entiende razones, sucumbo ante el elixir de tu boca y me siento desarmado, ante ese Eterno Femenino que doblega mis viejos patrones, buscando el perdón en la carne, ebrio de un néctar encadenado.

 

Me hundo en tu Edén, centro sagrado donde mi furia se hace río, y en la entrepierna del mundo, yo vuelvo a nacer contigo, bajo la presión de mis brazos, olvido por fin mi gran vacío, en este éxtasis de lujuria, tu piel de verdugo es mi abrigo, y somos un solo metal fundido en el calor de nuestro desafío.

 

Soy masoquista de una gloria que dura lo que el vigor permite, donde el caos se hace paz y el desamor se disuelve en tu ser, somos felices en la mentira sagrada que este fuego admite, me rindo ante tu aroma, aceptando el dulce placer de caer, pues en el templo de tu cuerpo, mi eternidad por fin se repite.

 

Tu esencia, mujer.

 

J.T.A.