A veces
el derecho es de los otros.
Lo digo bien,
aunque estoy un poco triste.
Un poco, o tanto,
cómo puedo estar.
Intento
disciplinarme en el olvido,
pero del otro lado
están tus ojos,
con todo lo que eso significa;
y el estruendo
ensordecedor de tu silencio.
Constantemente.
Entiendo
que lo que me pasa,
no es lo que me pasa.
Ya leí todos esos libros,
ya me analizaron,
y me resolvieron.
El tiempo,
el cambio, la vida.
La misma noche
y los mismos árboles,
y nosotros
que no somos los mismos.
Esa poesía ya la viví.
Por eso
te pido.
Te ruego
y te suplico:
Mejor
no te metas conmigo.
Nada bueno
puede salir
de lo que siento.