José Luis Barrientos León

Tu y yo, herederos del Azar

No te prometo el alba, amor mío,
sino el café compartido en la cocina de los años,
ese ritual de tazas que heredamos
de los que supieron quedarse y perderse.


El futuro no es el horizonte, es la mesa puesta,
la silla que arrastras sin mirar,
donde seremos, acaso, un par de voces
leyendo el mismo diario, distinto tiempo. 


Será el amor una geometría de los domingos,
un secreto familiar que ni el recuerdo nombra,
la casa construida con la paciencia
de lo que no se dice, pero nos sostiene.


Caminaremos por la calle de los recuerdos,
hermanos del destino, sombras rápidas,
para que cuando el tiempo nos pregunte quiénes fuimos,
tú seas mi origen y yo tu compañía. 


No vendrá el futuro de pronto,
será apenas la foto que no tomamos
pero que habita en el pasillo de nuestros hábitos.


Un abrazo que dura,
y que nos duele de tanto ser,
tú y yo,
la familia que inventamos con el eco de lo que fuimos.