Los acordes de mi piano
le dicen a tus oídos
que lo que tocan mis manos
va convirtiendo en sonidos
aquellos besos lejanos
rescatados del olvido.
Las cuerdas de mi guitarra
evocan con su vibrato
la memoria que se agarra
al ayer que firma un trato
con otra copa en la barra
del bar en que te rescato.
Esta música de fondo
que suena como aquel día
que bajamos hasta el hondo
del mar de la cobardía,
es la misma que hoy escondo
disfrazada de poesía.