Carlos Eduardo Antoine

ALFOMBRA

 Almas a bordo

 

Una noche tome mi alfombra mágica

descendí en el condado de Yoknapatawpha,

me recibió una bailarina despeinada desmaquillada

 

Ella había viajado en avión desde Holanda,

sus primeras palabra fueron,

deseo dormir

 

Le tuve paciencia,

la necesitaba,

demostraba personalidad, mundo,

yo por primera vez me había aventurado 

en aquel artilugio volador

 

La suerte era una compañera fiel,

yo me sentía su enamorado;

 

luego de una hora

ella bostezaba

despertando,

se ausentó,

volvió presentable y repuesta

 

Recién supe su historia a grandes rasgos,

yo le tracé la mía resumidamente,

se mostraba incrédula, desconfiada,

amistosamente distante

 

Se había educado en un internado suizo;

 

La alfombra voladora

la extravié en el aeropuerto,

debíamos esperar horas

 

Se interesó en mí

cuando saludé al menos a tres amigos

que no había vuelto a ver desde ha tiempo

que se dirigían a distintos destinos

 

Desde ese momento

se apoyó en mi brazo

tornándose parlanchina

 

atrayente