Antes nuestras palabras llenaban el día, mensajes que eran rutina, risas que se colaban entre letras, confidencias que no necesitaban horas.
Ahora el silencio pesa, las notificaciones ya no llegan, y el teléfono se siente frío como si guardara ecos de lo que fuimos.
Extraño tu voz en cualquier excusa, extraño compartir lo absurdo y lo profundo, extraño hasta las discusiones tontas que ahora son solo memoria.
Perderte no fue solo perderte a ti, fue perder esas pequeñas conexiones que hacían que cada día tuviera un brillo distinto.