Hojas que os revolvéis por las cosquillas
del amigable viento,
no tratéis de escapar por las ramillas
frondosas de madera en sotavento.
No os alcéis todavía del agarre
seguro al vuelo, primas de la flora:
¿habéis oído alguna vez que narre
arrugadas desgracias la deshora?
Esa amena revuelta,
esa que llaman \"libertad\", os llama
con mil promesas, mas el árbol clama:
— Yo soy la fuente de la vida esbelta;
no tajéis vuestros finos corazones,
si ansiáis ser del otoño muertos sones.