Nunca me gustó
utilizar el signo;
sin embargo,
me vi obligado a hacerlo
tantas veces
que hoy,
pareciese,
ya es parte
de lo que escribo.
Nunca me gustó
pedir permisos
raquíticos, innecesarios;
sentirme como un cuaderno
abierto
no es lo que siento
como mío,
solo mío.
Y es que cuando
’O sole mio duerme,
pareciese,
hago lo que hago,
preciso lo preciso,
conduzco los vaivenes
desvanecientes
del significado
hacia el significante
de la palabra hablada:
con ella hago
lo que solo mi entendimiento
entiende;
no quisiera pedir
dar explicaciones,
ni gusto comunicar
aquello
que no me pertenece.