Un día entendí
que no todo lo que cargo
me pertenece.
Que hay voces heredadas
habitando mis costillas,
miedos ajenos
durmiendo en mi respiración
como huéspedes antiguos
que nunca pagaron renta.
Me cansé
de ser casa cerrada,
de guardar tormentas
en frascos rotos,
de fingir equilibrio
mientras el pecho
crujía como madera vieja.
Liberarse
no es huir,
es abrir las manos
y dejar que caiga
lo que pesa
aunque haga ruido al caer.
Rompí cadenas invisibles,
esas que no hacen sangre
pero cansan el alma;
solté nombres, culpas, promesas
que no sabían volver.
Aprendí que el perdón
también puede ser un adiós
bien dicho,
que la paz
no siempre abraza:
a veces
se va.
Hoy camino más liviano,
con menos sombras colgadas
en la espalda,
con el corazón
respirando sin permiso.
No soy el mismo,
y está bien.
Me dejé ir
de mí mismo
para poder llegar
por fin
a casa.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados
* De mi poemario CATARSIS, 1992. Editorial panameña. ISBN. #