Bastaron unos días, unos pocos, apenas,
para que olvidara lo nuestro.
Hoy lo veo en el mismo lugar, besando a otra, como si pudiera borrar lo que un día fue mío.
Sus manos ajenas pretenden reemplazar los recuerdos que compartimos.
¿De verdad cree que puede fingir que yo no existí?
Me duele la rapidez con la que olvida, con la que intenta rellenar mi ausencia con labios que no son los míos.
Pero me da fuerza saber que cada canción lleva mi eco, cada lugar guarda mi sombra.
Puede intentar olvidarme, puede besar otra boca, puede hacer como si nada y caminar con aire de nuevo dueño.
Pero hay cosas que no se borran, y mi recuerdo siempre será su condena.