Eduardo Villacal (seudónimo)

Supongamos

Supongamos, con cierto rigor,

que todo lo posible y lo que no,

existe.

 

Que cada exhalación

diverge en un infinidad

de ramas mudas.

 

En alguna, no llegamos tarde 

 

Un lugar de un universo 

donde el tiempo no falló.

Una singularidad

en la que uno es igual a dos.

 

Mientras tanto en este,

en este se conserva solo 

lo que no ocurrió.

 

Función de onda

que se olvidó de colapsar

y quedó vibrando 

 

en la boca

cómo el beso entrelazado 

que es y no.

 

Partículas 

al borde de una ley

cuántica y cruel

que nos atraviesa.

 

Eso somos:

materia ingravida

que sin embargo, pesa.