Supongamos, con cierto rigor,
que todo lo posible y lo que no,
existe.
Que cada exhalación
diverge en un infinidad
de ramas mudas.
En alguna, no llegamos tarde
Un lugar de un universo
donde el tiempo no falló.
Una singularidad
en la que uno es igual a dos.
Mientras tanto en este,
en este se conserva solo
lo que no ocurrió.
Función de onda
que se olvidó de colapsar
y quedó vibrando
en la boca
cómo el beso entrelazado
que es y no.
Partículas
al borde de una ley
cuántica y cruel
que nos atraviesa.
Eso somos:
materia ingravida
que sin embargo, pesa.