Soy la muesca que encaja en tú vida...
Creo que soy la muesca que encaja muy perfecto en tú vida, eres necio, te has ido consumiendo con la gangrena de tu espejismo, no te dejes atormentar por lo que crees y piensas de ti, eso no es lo que yo pienso ni creo de ti, déjame cruzar la puerta para vivir este amor por el que hemos luchado tanto tiempo, No hay nada estéril en ti amor, entiéndelo, tu amor es fecundo para mí, eres mi razón de vivir, mi antes y mi después, me gusta como eres, eres único, eres especial en mí vida, piensa todo el tiempo que he dedicado a este amor, yo soy tu única verdad, no hay otra verdad, tú y yo somos la verdad escrita en el universo, me preñaste con tu mirada, eres eterno en mis ojos, tú conoces la geografía de mi cuerpo, hicimos el amor anormal, porque rompemos las reglas y lo perfecto lo hicimos imperfecto, tus huellas están intactas en mi piel, recuerda siempre que me busques me vas a encontrar, voy junto a ti amor, vayas a donde vayas ahí voy contigo, somos almas gemelas, somos destino. Tus heridas del pasado las voy a sanar con mis besos y las caricias de todas las noches, esas heridas del pasado las conozco muy bien, ya llevamos buen tramo caminando juntos. Soy la muesca que encaja perfecto en tú vida y tú en la mía. soy torpe y tengo que volver y leer para entender lo que hay en tu corazón para mí. Recuerda que soy tu aguacero de verano, y soy la primera flor que amas, Eres todo en mi vida, y no te dejaré ir, viviremos este amor que es nuestro. No dejaremos que nadie nos separe.
Alicia Pérez Hernández... México
No es la pluma la que escribe, es el alma
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La Gangrena del Espejismo
Quise volver a componerte un poema.
Tracé el lápiz, te busqué, te encontré...
y mis ojos, seduciendo, hicieron la invitación al vacío de mi silencio.
Pero tu alma, efímera burbuja, no soportó el estruendo de la gangrena de mi nada.
Quise enamorarte con mis desgracias —la farsa de un necio—;
terminaste solo masticando el óxido de mi lengua atragantada.
No hubo caricia, sino la muesca de lo que no dije:
un roce metálico que te abrió la memoria
y dejó que el calor se escapara por la grieta.
Te sepultaste en mi yermo buscando vida,
y solo hallaste el frío que se menea en mi vasta verdad.
Ahora mírame bien, mientras nos desarmamos:
tu piel ya envejeció, sin embargo, yo sigo esperando.
Bebiste de mi sombra creyendo que era vino,
y ahora tus entrañas tienen el mismo color que mis ojos.
\"De algo hay que vivir\", susurró mi infierno,
mientras mis pasos se asfixiaban en la arena de esta fantasía.
Pero el polvo en la silla no miente,
y las huellas en el fango solo tienen mi tamaño.
Este es el silencio que nunca escucharás,
el ruido de una puerta que nunca llegaste a cruzar.
Autor: Álvaro S.