Elise Beher

Ingenua y añorada juventud

 

Ingenua y añorada juventud

 

Argumentábamos sin palabras

y poníamos distancia de por medio,

sin darnos explicación alguna

que nos ayudara a entendernos.

 

Sin saber exponer nuestras razones

ni poder expresar nuestros sentimientos,

solo dejábamos que transcurriera el tiempo,

esperando que así se arreglara todo.

 

Cuando la flamita del desacuerdo

se apagaba, de a poco, por sí sola,

con el puro rocío de las mañanas

y la brisa de algunos atardeceres.

 

Si nos encontrábamos casualmente

en algún terreno plano y neutro,

sonreíamos sin siquiera acordarnos

de lo que ocasionó el desapego.

 

¡Ahora sí lo entiendo, amigo mío!

Era la juventud de nuestros tiempos:

tanto que aprender en el camino

y poca dirección en el momento.

 

Han pasado las edades y los tiempos,

y nos cruzamos nuevamente cual cometas

que fueron impulsadas por los vientos,

al perseguir afanados nuestros sueños.

 

Nos miramos una vez más como antaño

y nos expresamos mutuamente nuestro afecto;

recordar aquellos tiempos nos hace reír ahora,

aunque hayamos llorado en su momento.

 

Elise Beher ©®