Estabas allì de holganza
presa y amo de tu casa
y eras una tierna lanza
que se clavó en mi basa.
Lindo, grande y azabache,
con el hocico en juego
derramándote en el bache
que mostraba mi talego.
¿De dónde viniste pues?
hermoso y triste adivino
con tu ser que siempre es
a cada instante canino.
Porque nada te preocupa
más que lo que necesitas,
y tu pelaje se ocupa
en caricias en que habitas
como dueño de este verso:
seda oscura, manto terso.