No busco en ti el descanso de la tarde,
sino el incendio que en la cumbre arde.
Amor, no eres nido ni tierna alianza,
eres el puente, la audaz mudanza.
Construiremos la casa con piedra de volcán,
donde los días de ayer nunca volverán.
Nuestro amor será el niño, el nuevo comienzo,
un eterno retorno que yo mismo sentencio.
No heredaremos sangre, sino voluntad,
de amar las diferencias y la bondad
Que nuestros hijos sean hijos del relámpago,
lanzados al futuro, sin miedo a ser náufragos.
Amor mío, peligroso juego de vivir,
amemos el instante que está por venir.
Creemos, forjemos, seamos el fuego,
más allá del bien y del mal, en este juego.