Plumas de ébano y plata,
en el alba se desata
el canto de la brisa
que en la aurora se solaza.
Vuela el pájaro del alma,
por los cielos sin reclamo,
donde el viento es dulce calma
y el horizonte, su reclamo.
Ríe con la luz del día,
acaricia el firmamento,
ama la vida que envía
su más puro sentimiento.
No hay jaula que lo someta,
ni cadena que lo ate,
su esencia es una promesa
que en el aire se dilata.
Él es el vuelo perpetuo,
la risa que nunca muere,
el amor que es fuego y sueño,
la libertad que prefiere
No es ave, sino humano
con anhelos de gaviota,
que respira el aire llano
y en sus alas lleva rota
la prisión de lo mundano,
elevándose en su vuelo
hacia un cielo soberano
donde es dueño de su anhelo.
Así canta y así ríe,
así ama la existencia,
y en su pecho siempre cría
la sublime consecuencia.