LA INVITADA
Yo no sé cuando será,
ni a que hora, día o minuto,
solo digo, que vendrá,
y de eso...
De eso estoy más que seguro.
No endosará ningún traje
de modistos de este mundo,
que llevará uno de estrellas,
con el cual su desnudez
podrá lucir como un triunfo.
Y yo que aquí la esperé.
Siempre la estuve esperado,
podré entregarme a beber
sediento, sobre sus brazos
los besos tan deseados.
Y seré entre sus volantes
ese prisionero eterno,
el que en su reino sin lunas
será su poeta ciego.
Ciego, sin luz en mis ojos,
pero con fuego en el pecho.
Dejadla que venga. Y venga,
con todo su amor y celos,
y que me cante esa nana
que sabe a miel y a silencio.
Y en los valles que reinan las sombras
y al arrullo del agua y los vientos,
sentiré las voces que me nombran
en los puertos que marcan los tiempos.