Sebastian Mena

El gusto de lo prohibido

Ya me imagino saborear

toda su piel bronceada

por el calor caribeño

que tapa con el vestido rojo,

un rojo no muy furioso,

más bien color vino tinto.

 

Tiene un perfume dulzón 

que me derrite por dentro.

Su aroma se siente 

en cada rincón.

 

Mi esposa la cuida,

creyéndola su \"amiga\"

su mejor amiga...

ella celosa si las hay,

en su mirada se resigna, 

me conoce,

sabe que tarde o temprano

voy a probar lo prohibido,

tengo mis antecedentes.

 

Por eso trato de distraerme

mirando un partido,

pero el deseo es más fuerte.

 

Un cero a cero espantoso

no sirve como despejo.

Me doy una vuelta,

y la Marta guardiana

todavía está con ella.

 

De pronto, suena su móvil

por la hora es mi suegra.

Camina de un lado a otro,

el chisme está potente,

es mi momento,

quién sabe si habrá

otra oportunidad.

 

Miro a un lado y al otro,

no hay moros en la costa,

me lanzo como un lobo

hambriento.

Me serví de ella un bocado

tan grande que me dio

hasta culpa.

No pude resistir sus encantos.

 

Prefiero aguantar los regaños

y no quedarme sin mi porción

de la rica pastafrola

que cocina mi Marta.