Ya me imagino saborear
toda su piel bronceada
por el calor caribeño
que tapa con el vestido rojo,
un rojo no muy furioso,
más bien color vino tinto.
Tiene un perfume dulzón
que me derrite por dentro.
Su aroma se siente
en cada rincón.
Mi esposa la cuida,
creyéndola su \"amiga\"
su mejor amiga...
ella celosa si las hay,
en su mirada se resigna,
me conoce,
sabe que tarde o temprano
voy a probar lo prohibido,
tengo mis antecedentes.
Por eso trato de distraerme
mirando un partido,
pero el deseo es más fuerte.
Un cero a cero espantoso
no sirve como despejo.
Me doy una vuelta,
y la Marta guardiana
todavía está con ella.
De pronto, suena su móvil
por la hora es mi suegra.
Camina de un lado a otro,
el chisme está potente,
es mi momento,
quién sabe si habrá
otra oportunidad.
Miro a un lado y al otro,
no hay moros en la costa,
me lanzo como un lobo
hambriento.
Me serví de ella un bocado
tan grande que me dio
hasta culpa.
No pude resistir sus encantos.
Prefiero aguantar los regaños
y no quedarme sin mi porción
de la rica pastafrola
que cocina mi Marta.