¿Será como la última vez
cuando el silencio sabía decir mi nombre
y tus ojos eran un refugio sin puertas?
Cuando el tiempo se sentaba a mirarnos
y no se atrevía a interrumpirnos.
¿Será como la última vez
que el mundo parecía pequeño
y el miedo no tenía voz,
cuando reír era suficiente
y respirar juntos era un juramento invisible?
Éramos dos latidos aprendiendo a caminar,
dos almas con las manos llenas de preguntas,
creyendo que el siempre cabía en un instante
y que el amor no se gastaba con los días.
La última vez
no sabíamos que era la última.
Eso es lo que más duele.
Creímos que el adiós era una palabra ajena,
un rumor que solo le pasaba a otros.
Hoy vuelvo a ese recuerdo
como quien regresa a una casa abandonada:
las paredes siguen en pie,
pero el eco responde solo.
¿Será como la última vez
si nos volvemos a encontrar?
¿O seremos dos extraños
reconociéndose en la cicatriz del pasado?
Porque el tiempo no pasa en vano:
enseña, rompe, madura,
pero también roba inocencias
que ya no saben volver.
Aun así, confieso
que guardo una esperanza pequeña,
frágil como una vela en el viento:
que si volvemos a mirarnos,
algo tiemble otra vez.
No igual,
no perfecto,
no como antes…
pero verdadero.
Si llega a ser como la última vez,
prometo no distraerme,
no dar por eterno lo que arde,
no callar lo que siento.
Y si no lo es,
si solo queda el recuerdo,
entonces lo honraré en silencio,
como se honra lo sagrado:
sin tocarlo,
sin romperlo,
dejándolo vivir en mí.
Porque hay amores
que no regresan,
pero tampoco se van.
escrito por:
Dani
23/01/2026
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