Contemplaré la caverna de esmeralda,
En un desierto sin arenas, donde
Merodean lepismas gigantes,
Queriendo encontrar tu adyton
Para robar tu diadema de diamantes,
Reina de los Siglos, O Madre de los Firmamentos !
Y entrare, si no estuviere terminado el hilo
De las Nornas, sondeando la lobrega esfera
Del humano declive. Aqui andando
En el postremo escalon de tu catafalco,
Con el fulgor del olvidadizo oricalco,
Penetraré en este ojo tan abierto
Como un goloso agujero negro, si el fuero
De la Luz me lo concendiere. O Santa Madre !
Quien amamanta las constelaciones
En los silencios de la desolacion,
Haz que madura mi verbo en mi sangre
Y que sigo los pasos del Todopoderoso.