Me gustan los pájaros
chiquiticos
en una jaula grande
ajenos a su cárcel inmensa.
Son libres,
corretean, pían,
se cuelgan boca abajo,
comen, cagan…
…y siguen cagando.
Hacen sus acrobacias
y les tomo tanto, tanto cariño
que los estrujaría con la mano
en un acto supremo de amor,
pero los dejo en su rutina
de subir y bajar por los barrotes,
en ese no parar de seres
libres privados de libertad.