Valientes tontos,
los que caminan sin armadura
en un mundo que aplaude al que hiere,
los que creen cuando creer
parece una forma elegante de perder.
Se ríen de ellos por mirar al cielo,
por tender la mano sin pedir garantía,
por elegir el peso de la conciencia
en lugar del brillo cómodo del poder.
Valientes tontos,
los que fallan mil veces
pero no aprenden a rendirse,
los que tropiezan con la verdad
y aun así deciden cargarla.
El mundo les llama ingenuos,
porque no entienden que la crueldad
también se aprende,
y ellos se niegan a graduarse en ella.
Son tontos, dicen,
por amar sin cálculo,
por luchar sin aplausos,
por resistir cuando nadie mira.
Pero si el valor es avanzar con miedo,
si la grandeza es no volverse piedra,
entonces que sigan siendo tontos,
porque al final
son los únicos verdaderamente valientes.