través de mi ventana,
esperando sin esperar nada,
veo la vida pasar.
Llena de falsos anhelos
e ilusiones rotas,
solo queda soñar.
Vanamente veo discurrir el tiempo,
dejando en mi memoria
recuerdos vacíos
e inconsistentes,
imposibles de aferrar.
Se alejan y se esfuman
dejando, tan solo, una estela fugaz.
A través de mi ventana
observo el eterno vaivén de las olas;
aguas bravías impulsadas por la inercia,
que vienen y van.
Es el flujo y reflujo de un alma atrapada
en un adelante y atrás,
sin posibilidad de avanzar.
Y siento en mi corazón
el monótono y profundo latido del mar,
como espíritu afín,
como un igual.
Veo devenir las estaciones,
del clima su continuo cambiar:
del verde esplendor primaveral
a su ocre decrepitud otoñal,
cediéndole el paso
a su blanca mortaja invernal.
Observo las oscuras nubes
romper en amargo llanto,
pese a que el cielo logran tocar...
Contemplo a las gentes bajo sus paraguas,
a cobijo de la lluvia,
en distintas direcciones
por las calles transitar.
Imágenes vivientes
de siluetas en movimiento,
como motas danzantes
esparcidas al azar...
A través del cristal,
me pregunto cuál es mi lugar.
Tras mi ventana,
esperando, sin nada que esperar,
veo la vida pasar.