\"NUESTRO PRIMER ENCUENTRO\"
Parece que fue ayer, pero ya pasaron varios años del momento en que nos conocimos.
Te encontré y nos encontramos por vez primera en una tarde de primavera florecida.
Eras la perfumada flor de mi jardín que esperaba ser embellecido con tu presencia.
Mi corazón palpitó locamente al verte y todo mi ser ruborizado se estremeció de inquietante emoción.
Nuestras manos por primera vez se tocaron y fuertemente se tomaron.
Caminamos largo trecho bajo el anaranjado cielo de un atardecer soñado.
Conversamos, nos miramos y, en breve pausa, nuestros labios ansiosos se unieron en un húmedo y apasionado beso.
Caminamos presurosos hacia nuestro mágico y amoroso nido.
A él presurosamente llegamos y, entre medias luces leves, nuestros cuerpos, ya maduros por el paso del inexorable tiempo, fuimos descubriendo.
¡Qué emoción!... El momento largamente anhelado por vez primera se iba a hacer realidad.
Nos recostamos sobre las blancas sábanas del que, a partir de ese soñado instante, se convertiría en nuestro por siempre inmaculado lecho de amor.
Nuestros cuerpos de abrazos, caricias y lujuriosos besos se emborracharon de apasionada locura.
Y poco a poco, como verdaderos conquistadores de desconocidos mundos, cada trocito de piel con manos y bocas deseosas recorrieron.
¡Oh tus pechos amada mía!... Como fuente de delicioso néctar mi boca succionaron con sedienta ternura.
Y tú, aún temerosa, con tu boca abierta y tu húmeda lengua, todo mi ser recorrieron.
Mis manos y tus manos poco a poco a nuestras anhelantes intimidades arribaron.
Mi lengua disfrutó de tus sabrosos y tibios jugos y tu boca de los míos degustaron.
Locos de amor y llenos de pasión, sin mediar el tiempo transcurrido, nuestros cuerpos temblorosos en uno se convirtieron.
Qué sensación maravillosa nos llenó el alma, al igual que aquel catador de vinos sintió el disfrute máximo al descubrir el mejor de ellos.
Nos estremecemos de placer al fundir nuestros cuerpos y, en el final de nuestra total entrega, nuestros labios en un profundo beso se unieron para sellar nuestro primer y más hermoso encuentro.
Abrazados y mirándonos a los ojos, aún con las pupilas dilatadas por lo vivido, nos prometimos que éste, nuestro primer y pasional encuentro, lo haríamos hermosa realidad, una y mil veces, hasta el final de nuestros días en esta actual gris y desamorada Tierra.
Roberto Bardecio Olivera
(23/1/2026)