Aceptaré de una vez la derrota,
la triste pérdida de los bastiones,
los jardines tornados en carbones,
la solemne marcha callada y rota.
Emprenderé afligida retirada
bajo la cruel noche de desengaño
y dormiré en el páramo del daño
a la luz de una luna atormentada.
Difícil empresa que me depara
el juego del amor y su desidia:
subsistir a pesar de la perfidia,
desoír si la nostalgia clamara.
El ocaso asoma en la lejanía:
me deberá el destino la hidalguía.