La alegría no avisa, no tiene hora
es un sol que se enciende de repente,
un hilo de cristal que se desflora
luz a cada rincón de lo viviente.
Es un color fugaz de oro y naranja
pintando el aire en una tarde quieta,
la risa que a las penas les da zanja
a la melodía clara y completa,
Se siente como pájaro en la rama
y que canta sin saber por qué lo hace,
es la certeza de que el alma clama
la vida simple que en su centro yace.
Y en el instante mínimo y liviano
en el café, la luz o el buen encuentro,
el corazón se siente soberano
y se olvida de ese hueco que hay adentro.
DoradoArrebato.
©Violeta