Mi Señor, palabra dura has proferido (Juan 6:56-71);
tu cuerpo y tu carne hemos de comer;
más allá del memorial, es un hecho;
que la división (31-10-1517, Wittenberg) ha preferido desconocer.
No es fácil, Señor, tratar de comprender;
por fe y magisterio aceptamos el misterio;
mas Tú realmente te haces presente (Mateo 26:26);
pues así lo prometiste (Mateo 28:16-20): manifestación divina en un velo (Lucas 24:16).
¿Habrá entonces paradoja?
¿Te manifiestas y no podemos verte?;
¿Será verdadera aquella teofanía?
¡Sí, mi Señor!, ¡lo es verdaderamente!:
antes, te manifestabas y tenían dudas porque no te conocían;
también lo hacían porque ignoraban las escrituras o temían verte (Éxodo 33:18-23);
hoy sabemos que estás realmente en le sagrada Eucaristía (Iglesia Católica, 1992, n. 1322);
sabemos que el pan y el vino se unen: proclamando tu victoria eternamente.
Para mayor gloria de tu santo Nombre.