Habiendo vivido lo repetido
aquí me encuentro cojeando,
andando a medias
sobreviviendo,
respirando lo que queda del viento tus cabellos.
Estando ya en calma
sin esperanzas de retorno
ni ganas de más fuegos artificiales
hago evaluación y control de daños,
me siento conmigo mismo
para validar y entender
qué dejaste y qué te llevaste esta vez,
quiero entender
cuáles fueron las consecuencias de este retorno
que solo supe avivar y sarandear.
Entiendo y acepto que eres el faro
la vara de medir
el amor perfecto que juzga a todos los demás,
acepto y entiendo que la imposibilidad de este junte
agranda el fantasma de tu presencia
tal vez solo la realidad hubiera podido bajarte del pedestal,
tal vez no.
Logro resignar la idea de
que sigues a mi lado y seguirás
acompañando, presumiendo y juzgando,
abrazo la idea del querer buscarte cada cierto tiempo
con la tristeza acumulada de que nunca sabré encontrarte.
Entiendo todo,
acepto todo,
quizás en una nueva vida,
en alguna otra historia de realidad
podamos coincidir e intentar,
pero ahora, solo quedo atosigado
de ternura, necesidad y agradecimiento
calmado ya, sin lágrimas que regalar
pero aceptando y resignando
que nunca te podré controlar,
que es imposible refrenar mi ímpetu y ansiedad
ante tu imagen y vastedad,
acepto y resigno
que lo que me quede de vivir
será para ti,
en silencio, sin mirarte y sin intentar ir por ti.
Solo serás una brisa tenue
cada cierto rato
recordándome que estás ahí,
que aun te amo
y que no importa lo grande que esto sea
nunca logrará ser algo en la realidad.