Hablaré claro porque odio las galimatías.
La he soslayado en ocasiones.
Sin ambigüedad confieso que activa mi Eros. Describiré lo que veo aunque pese y sea \"demasiado honesto o gráfico\".
Tengo mis años encima y reconozco una actitud pedante y aún así eso me desafió.
La notaba mirar a los demás casi con desdén.
Y yo la miraba con precisión cazadora.
Analizaba sus manos, sus ojos, el color de su cabello, su sonrisa poco esbozada, difícil de ver y encontrar.
En los pensamientos más primitivos cerraba mis ojos e imaginaba el sabor de su piel y la suavidad de su tez.
Mi vigor se magnetizaba al caminar a su lado; mi rigor era aquilatado por su mirada soslayada. Era una neblina. Densa. Aún sin sabor.
La serendipia fue golpeadora. Busqué placer y encontré clímax.
Reveladora.
El frenesí y el descontrol alteraron mi autonomía.
Fue el último trago de vino, el primer sorbo de agua. El centro del postre relleno.