He movido mis tormentas y mis montañas para que no seque tu bosque, mientras que el mío permanece errado.
He sufrido la sangre que brotan tus raíces, mientras mis árboles contienen la respiración.
He sido ese pétalo convaleciente que no es más que un lloriqueo para tus oídos.
He sido esa carcajada conveniente que vibra de tu garganta cada vez que mis hojas se ahogan.
Porque de cada flor hay un pétalo que me grita y de cada mariposa hay un ala que se me rompe
Porque en cada margarita lloran mis ojos y en cada tallo de ellas, se manchan tus manos.
Quizá, no soy más que ese lodo mojado, que aún machacado, tú intentas tiznar en la llanura.
Quizá, no soy más.
Soy aquél bosque al que todo el mundo le huye porque parece un pantano.