Luciana Trejo

Donde termina el cuerpo

Me he entregado al viento helado ‎que se filtra por mi ventana ‎como un susurro antiguo consolando el cansancio de mi alma.

Anhelo flotar entre sus brazos invisibles, ceder al torbellino sublime ‎que juega a perderse en mis rizos como si también él supiera nombrarme.

‎Quisiera besarle los labios ‎si el viento tuviera forma, ‎y danzar con él en los remolinos que estremecen las hojas del otoño.

‎Me arrojaría a su abrazo ‎aunque no supiera sostenerme en la caída; dejaría atrás este cuerpo ‎para volverme apenas eso: un verso leve, una respiración errante, ‎la poesía misma del viento.