Adónde van
las almas que no contemplan,
o esas ráfagas de alma,
esos suspiros de noche.
Dónde están,
guardados,
los murmullos del recuerdo
que las voces de taladros
por años han apagado.
Adónde irán
las cenizas de mañana,
de la llama que se enciende
y se asoma invisible.
Que se van
cuando apenas se reflejan
en la luz de un parpadeo
que alumbran, mas no iluminan.
Aquí están:
la tierra, las piedras, el concreto,
en donde tatué mis huellas,
esculpiendo así mis sueños.