Eduardo Villacal (seudónimo)

Acróstico II

Cuando pasás, el viento se detiene a contemplarte.
La belleza se vuelve algo que sucede, y puede hasta tocarse.
A veces sos tan linda que dolés apenas de pensarte.
Un gesto tuyo alcanza para desarmar toda una tarde.
Dejaste a la naturaleza sin nada más que darte.
Incluso Dios se queda, como dudando, a condenarte.
Así, tan linda sos, a los ojos que se atreven a mirarte.